miércoles, 18 de octubre de 2017

La luz es como el agua

Final alternativo de ''La luz es como el agua'' 

Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.
Pero allí estaban ellos, para este tipo de emergencias están los bomberos oscuros, cuyas mangueras estaban listas para ser disparadas por una especie de líquido negro que se tragaba la luz, echaron el néctar color azabache encima de la casa, y de la nada se filtró por la casa hasta la habitación afectada, donde estaban los niños. Pero echaron tanta sustancia viscosa sin nombre que se tragó también a los niños.


Original: http://ciudadseva.com/texto/la-luz-es-como-el-agua/

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